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CONDICIONES NECESARIAS  PARA QUE SE PUEDA HABLAR DE QUE EL EJERCICIO DEL PODER POLÍTICO TENGA LEGITIMIDAD MORAL.

 De entrada decir que a pesar de que el título del tema es largo, la explicación del mismo será  breve.  Este es el índice del presente tema:

 1.-Introducción.

2.-Sobre el concepto de legitimidad.

3.-El bien común y la legitimidad del poder político.

4.-Sobre la perdida de la legitimidad del poder político y el derecho a la resistencia por parte de la sociedad

.  1.-INTRODUCCIÓN.

En el tema anterior sostuvimos que el poder político  tenía su fundamento y origen en Dios, decíamos también que  el poder político lo da Dios a  la sociedad  como una propiedad natural de esa sociedad de modo semejante a como cuando crea a un ser dotándole de una esencia,  da todas las cosas que se siguen de ese elemento esencial.

            En consecuencia  Dios no da ese poder por una acción o concesión especial distinta de la creación, pues si lo diera de este modo debería constar tal concesión, en cuyo caso ese poder no sería natural al hombre, sino especial y si se quiere sobrenatural. es en este sentido en el que se dice que Dios da el poder político de forma directa, en cuanto creador  de la sociedad.

            En buena lógica de lo dicho, añadíamos que el poder político reside en la sociedad, en sus miembros, utilizando una terminología más cercana a nuestra cultura,  que el poder reside en el pueblo.

            Teniendo como base esta doctrina en este tema queremos hablar de las formas como se puede acceder al poder político, siendo esta base la que nos permitirá el que hablemos de formas morales e  inmorales de ese acceso al poder o gobierno de los pueblo.

            Así pues  la distinción verdaderamente fundamental y filosófica de las formas de Gobierno que de hecho ejerce el poder político, en la polis, es la que las clasifica en representativas y no representativas, distinción que no es ni puede ser accidental; sino que es de  la esencia de la trasmisión del poder.

.           A través de la historia y de la ciencia política se han dado distintas  formas de gobierno, especialmente desde Platón, Aristóteles, la escolástica cristiana, las filosofía moderna, llos idealismos, el marxismo, el existencialismo etc etc. no hablamos de ellas, pues en el tema nos queremos preguntar, únicamente, sobre las condiciones necesarias para que se pueda hablar de que el ejercicio del poder político  tiene legitimidad moral.

            De ahí que  se deba hablar de lo que se entiende por legitimidad.

 2.- SOBRE  EL CONCEPTO DE LEGITIMIDAD.

 La legitimidad la podemos definir  como  el derecho que tiene el gobernante a mandar y el deber de los gobernados a obedecer, la carencia de ese derecho y del deber de los gobernados a obedecer, hace  ilegitimo el   poder político.

            1.-La primera condición para la posesión de ese derecho es, como se ha indicado anteriormente ,  que los ciudadanos en su mayor parte hayan aceptado  el ser gobernados de una determinada forma tanto en lo que se refiere al sistema como de las personas que detentan el poder dentro del sistema, teniendo siempre en cuenta que el poder social en todas sus formas procede de Dios que lo ha depositado en la sociedad  siendo el pueblo el único trasmisor del mismo.

            2.- En segundo lugar que quien detente el poder lo ejerza de acuerdo con el fin natural  que tiene el mismo, dado que la sociedad es un producto que procede de la sociabilidad natural del hombre, hablando de una forma general que no prejuzga la bondad o maldad  de cualquier régimen político, el fin natural de la sociedad es el bien común de la misma.

 3.-EL BIEN COMÚN Y LA LEGITIMIDAD DEL PODER POLÍTICO.

 Del  concepto de bien común se han ocupado  desde los grandes filósofos griegos como Platón y Aristóteles la escolástica cristiana, filosofías de cualquier signo, la denominada Doctrina Social de la Iglesia,… con diversos resultados, pero en cualquier caso admitiendo algunos elementos que son esenciales al bien común y que  permita decir  que el bien común comporta tres elementos esenciales:

            a.)-Respeto a la persona en cuanto tal. En nombre del Bien Común, las autoridades están obligadas a respetar los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana. La sociedad debe permitir a cada uno de sus miembros realizar su vocación. En particular, el Bien Común reside en las condiciones de ejercicio de las libertades naturales que son indispensables para el desarrollo de la vocación humana: “derecho a actuar de acuerdo con la recta norma de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad, de pensamiento , de expresión, de creencias políticas, sociales y  religiosas.            

           b.).-Bienestar social y desarrollo y perfeccionamiento  del grupo  social mismo. El desarrollo es el resumen de todos los deberes sociales. Ciertamente corresponde a la autoridad decidir, en nombre del Bien Común, entre los diversos intereses particulares; pero debe facilitar a cada uno lo que necesita para llevar una vida verdaderamente humana: alimento, vestido, salud, trabajo, educación y cultura, información adecuada, derecho a fundar una familia, etc.            

c).-Implica “paz”, es decir, estabilidad y seguridad de un orden justo. Supone, por tanto, que la autoridad garantiza por medios honestos, la seguridad de la sociedad y la de sus miembros. El Bien Común fundamenta el derecho a la legítima defensa individual y colectiva .

4.-SOBRE LA PÉRDIDA DE LA LEGITIMIDAD DEL PODER POLÍTICO  Y EL DERECHO DE RESISTENCIA.

Lo primero decir  , en términos generales que , cuando el poder pierde su legitimidad deja de ser poder, salvo en el caso que lo haga a través de la violencia. Pero en este caso la sociedad tiene derecho a la Resistencia.

            a).-Reconocer que el derecho natural funda y limita el derecho positivo significa admitir que es legítimo resistir a la autoridad en caso de que ésta viole grave y repetidamente los principios del derecho natural. 

            Santo Tomás de Aquino escribe que « se está obligado a obedecer … por cuanto lo exige el orden de la justicia ». El fundamento del derecho de resistencia es, pues, el derecho de naturaleza.

            Las expresiones concretas que la realización de este derecho puede adoptar son diversas. También pueden ser diversos los fines perseguidos.

            La resistencia a la autoridad se propone confirmar la validez de una visión diferente de las cosas, ya sea cuando se busca obtener un cambio parcial, por ejemplo, modificando algunas leyes, ya sea cuando se lucha por un cambio radical de la situación.

            Una de las formas de ejercicio de resistencia es la objeción de conciencia, La objeción de conciencia es la negativa de un individuo a cumplir con una norma legal por entender que su cumplimiento es incompatible con el respeto debido a un valor que percibe su propia conciencia.

            La legitimidad de la objeción de conciencia se basa no sólo en la libertad ideológica sino que debe apoyarse, según cita la Corte Europea de Derechos Humanos, en un ‘sistema suficientemente organizado y sincero de pensamiento’, es decir, fundado en ideas religiosas, filosóficas o científicas

            b).-La doctrina social indica los criterios para el ejercicio del derecho de resistencia: « La resistencia a la opresión de quienes gobiernan no podrá recurrir legítimamente a las armas sino cuando se reúnan las condiciones siguientes:

            1) en caso de violaciones ciertas, graves y prolongadas de los derechos fundamentales; 2) después de haber agotado todos los otros recursos; 3) sin provocar desórdenes peores; 4) que haya esperanza fundada de éxito; 5) si es imposible prever razonablemente soluciones mejores ».

                 La lucha armada debe considerarse un remedio extremo para poner fin a una « tiranía evidente y prolongada que atentase gravemente a los derechos fundamentales de la persona y dañase peligrosamente el bien común del país ».

             La gravedad de los peligros que el recurso a la violencia comporta hoy, evidencia que es siempre preferible el camino de la resistencia pasiva, « más conforme con los principios morales y no menos prometedor del éxito ».

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