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EL PODER LEGISLATIVO.

EL PODER POLÍTICO SÓLO SE EJERCE LEGÍTIMAMENTE SI SE BUSCA EL BIEN  COMÚN DE LA SOCIEDAD POLÍTICA.

 

1.- Explicación de términos.

2.- Diversas concepciones del bien común en el pensamiento moderno.

3.-El bien común en el pensamiento aristotélico.

4.- El bien común en la Doctrina Social de la Iglesia.

EL PODER EJECUTIVO.

1.-EXPLICACIÓN DE TÉRMINOS.

  Damos comienzo al tema explicando  los términos que lo encabezan:

1.-El poder político: El poder político es la capacidad que tienen los llamados poderes públicos de  un Estado,  o sociedad política, de mandar  algo y de ser obedecido por todas las personas  que   integran  tal sociedad.       

2.- Sociedad política. La sociedad política (o el Estado) se entiende como un conjunto de personas y grupos que viven de una determinada  manera organizada, y sometidas al mismo poder  político,  en un concreto  y propio territorio.

            Se piensa que con estas dos simples descripciones referidas al poder y a la sociedad política nos bastan para hablar  de lo que es el objetivo central del tema, que no es otro  que determinar  lo que se entiende por bien común en cuanto finalidad del poder político, pues el poder político existe en función del bien común

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 EJÉRCITO DE TIERRA ESPAÑOL ANTE EL REY FELIPE V.

2.-DIVERSAS CONCEPCIONES DEL BIEN COMÚN EN EL PENSAMIENTO MODERNO.

              Enumeremos y comentemos sintéticamente algunas famosas posiciones histórico-filosóficas:

             El bien común no es sólo la paz y la defensa, como afirmaba Hobbes en su Leviathán;

            El bien común no es sólo la tutela de los derechos humanoscomo, por ejemplo está esbozado en los textos de la tradición de la Revolución Francesa y de la Americana.

            El bien común no es sólo la defensa de la libertadcomo en la elaboración de Spinoza y Kant.

            El bien común no es sólo la suma de los bienes materiales del individuo; nos referimos a Bentham y a la escuela.

            El bien común no puede ser reducido a solos aspectos materiales y la instauración de nuevas relaciones económicas, según la teoría de Marx.

            En el camino de la humanidad estas posiciones doctrinales, además de haber sido discutidas, han originado formas políticas diversas. Con frecuencia se han opuesto pacíficamente, muchas veces se han combatido violentamente.

            La Pira diría que ellas, en el caso de las democracias después de la segunda guerra mundial, han sido capaces de incorporarlas y forjar la estructura política, jurídica, económica y cultural de los estados.

            Estas y otras descripciones del bien común a nosotros nos sirve más que para decir lo que es  el bien común, para decir lo que no es.

 UNIDOS PARA  LLEVAR UNA VIDA VIRTUOSA Y FELIZ.

3.-EL BIEN COMÚN EN EL PENSAMIENTO ARISTOTÉLICO.

 

            La sociedad  política, como hecho específico humano, tiene necesidad de un sentido. Tanto en la tradición clásica como en la cristiana, su sentido es estar orientada al bien, es decir, hombres y mujeres deben vivir juntos y ejercer toda actividad, toda autoridad a ellos confiado para hacer el bien. Entendida así, comunidad y autoridad son instrumentos para realizar un algo según un proyecto. Por esta finalidad, comunidad y poder adquieren su sentido del bien que llevan a cabo.

            Comenzamos por la tradición aristotélica: toda persona en cuanto ser racional (zôon politikôn) vive en la ciudad (polis), que, respecto a las familias y al pueblo, ha logrado la propia autosuficiencia (autarkíias)  y nace y existe para garantizar las condiciones de una buena vida (eû zên).

            En otras palabras, Aristóteles no logra concebir la realización de una persona, sino en la ciudad y ésta tiene razón de existir porque realiza el bien de los individuos y de la ciudad entera.

            De hecho, aquél que por primera vez condujo a los otros a formar una comunidad política, fue el autor de un gran bien, porque fue capaz de reunir a las personas para vivir juntas y llevar a cabo una vida virtuosa y feliz. De esto se sigue que la política, y por tanto el poder pertinente, tiene como fin el bien humano (anthropinon agathon). Aristóteles, además, está muy lejos de pensar que, establecida esta conexión teórica, sea todo fácil, como si se dijera que, una vez instituido, comunidad y poder van a ser automáticamente para el bien de todos, políticos y ciudadanos.

            La comunidad política realiza su bien bajo la condición de que: Los ciudadanos y políticos  sean enseñados a vivir virtuosamente, a partir de la virtud de la justicia y de la amistad social. se busque y se proyecte la constitución mejor, es decir, el mejor orden administrativo, con el mejor sistema legislativo.

            Educación y empeño legislativo deben insertarse en un contexto de una continua reflexión filosófica, o sea, de un constante discernimiento y de una frecuente verificación del camino recorrido. En efecto, la esencia de la política puede ponerse en práctica sólo aproximadamente. Diríamos en lenguaje moderno: la política no es una ciencia exacta, no está hecha de dogmas, sino que es un continuo indagar sobre las cosas bellas y justas, que poseen tanta variedad y mutabilidad. Diría Aristóteles: la política es un continuo intento de ponerlas en práctica en lo concreto de la vida de una comunidad. ( Cf.La política al servicio del bien común

http://www.instituto-social-leonxiii.org/…/942-la-politica-al-servicio-del-bien-común)

 

 

UNIDOS EN BUSCA DE LA REALIZACIÓN HUMANA.

4.-EL BIEN COMÚN EN LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA.

 

            El poder político sólo se ejerce legítimamente si se busca el bien común de la sociedad a través de medios moralmente lícitos (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n.1903).            

            El bien común, en conformidad con la naturaleza social del hombre, desarrolla un papel fundamental en la acción política porque se dirige a la búsqueda del bien y de los intereses personales y colectivos.

            El bien común se denomina, en el lenguaje político actual, como “interés general” o “interés de todos” y ha sido interpretado de diversas formas, ya lo hemos dicho anteriormente.

             Algunos lo han reducido a la simple suma de los bienes o intereses particulares de cada sujeto perteneciente al cuerpo social (cf. Benedicto XVI, Mensaje a los participantes en la 45ª semana social de los católicos italianos, 12 de octubre de 2007).

            La definición del bien común como la suma de intereses particulares esconde un trasfondo  de tipo utilitarista que pretende justificar lo considerado como útil por una mayoría. De este modo, la fuerza mayoritaria determinaría el fin o el bien de la sociedad. Entonces, por ejemplo, la legalización de las drogas pasaría a ser un “bien de la sociedad” cuando un grupo mayoritario considerare los estupefacientes como un “bien” útil y personal.

            Por otro lado, desde una óptica política de carácter neocontractualista, que formula una convivencia pacífica ante el pluralismo cultural contemporáneo, se han dejado a un lado las cuestiones concernientes a la vida en su totalidad y al sentido por el hombre para centrarse, de manera casi exclusiva, en la “esfera pública”.

            De esta forma, “el interés general” se ordena a las exigencias del pluralismo procurando que la multiplicidad de intereses y la diversidad de opiniones se confronten racionalmente para encontrar una solución que garantice una justa repartición de derechos y deberes.

            El bien común, en una concepción neo-contractualista que cuenta con presupuestos utilitaristas, parece perder la conexión natural que existe entre el bien objetivo de la persona humana y el bien de la comunidad. En esta visión se da un primado de lo justo, entendido como equidad, sobre el bien. Así, el “interés general”, basado en el principio justo de la “imparcialidad”, “paridad” y “reciprocidad”, puede hacer que prevalezca el consenso de la mayoría o “el acuerdo de todos los hombres” sobre los mismos derechos naturales e inalienables del ser humano.

            Desde esta perspectiva,  la pena de muerte, el aborto  la eutanasia, el consumo de drogas, la sumisión de la mujer al varón etc. etc. se convertirían en acciones “justas” y por lo tanto “buenas” cuando son fruto de un consenso mayoritario que presupone intrínsecamente un procedimiento “imparcial”.

            El Catecismo de la Iglesia Católica define el bien común como el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección (n.1906). Esta definición nos propone una concepción del bien común que hace referencia a un contenido objetivo, basado en los derechos y deberes fundamentales e inviolables de toda persona, y que está constituido por tres elementos vitales: el respeto a la persona en cuanto tal, el bienestar social y el desarrollo del grupo y, finalmente, un compromiso por la paz.

            El respeto a la persona, como principal característica del bien común, está dirigido a la promoción y defensa de los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana. De esta forma, el bien común engloba necesariamente el derecho a la vida, que se opone a cualquier género de homicidio, y el ejercicio de las libertades naturales de la persona, como son: poder actuar de acuerdo con la recta norma de su conciencia, la protección de la vida privada y de la justa libertad, también en materia religiosa.

            El bien común exige el bienestar social y el desarrollo del grupo. En este sentido, el Estado debe facilitar y garantizar aquellas estructuras y bienes fundamentales que permiten llevar una vida verdaderamente humana: alimento, vestido, salud, trabajo, educación y cultura, información adecuada, derecho a fundar una familia, etc.

            Finalmente, el bien común implica un compromiso constante e inapelable por la paz. Desde esta perspectiva, los gobiernos tienen la obligación de garantizar la estabilidad y la seguridad de un orden social justo, a través de medio honestos. El bien común fundamenta el derecho a la legítima defensa individual y colectiva.      También, dentro de este orden social justo, es necesario trabajar tanto en el respeto de las reglas justas como en la transparencia y correcto funcionamiento de las instituciones económicas y políticas.

            En conclusión, podemos constatar que el bien objetivo de la persona humana, sus derechos y deberes fundamentales, está conectado naturalmente con el bien de la sociedad. El bien común encierra los derechos, valores y necesidades pertenecientes a todo hombre y va más allá de los intereses subjetivos o simplemente mayoritarios.            

           Desde esta perspectiva es necesario afirmar que el orden social y su progreso deben subordinarse al bien de las personas, ya que la ordenación de las cosas debe someterse al orden personal y no al contrario. (cf. Gaudium et spes, n.26)

(Cf.Catholic.net – Política y bien común:

http://www.es.catholic.net/abogadoscatolicos/435/2862/articulo.php?id)

 

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